Para empezar…

Descontando el ir y venir incesante de sucesos que es esto que llamamos vida, habría que hacer una pausa general mientras escuchamos a Alicia Keys para ponernos de acuerdo en varias cosas. Primero, que es lindo saber que volvió el Superclásico, más que nada por las cargadas (las obvias y las no tanto) entre hinchas y/o fans de uno u otro club, pasando desde posters a artículos antiguos de prensa, pasando por el típico “gallinas muertas” y “bosteros pechos frío”. En segundo lugar, la abrumadora cantidad de gente que utiliza Facebook como una manera de perder el tiempo en la oficina/universidad/colegio y demás, más que nada por el advenimiento de los celulares que se siguen haciendo más inteligentes y delgados mientras sus dueños adquieren un momentun en sentido contrario. Así que nos encontramos todos mirando cual zombies en busca de una excusa para sentirnos menos voyeurs de lo que quisiéramos admitir como especie, pero no importa demasiado porque bueno, alguien ya publicó algo nuevo, me etiquetó y ahora tengo que comentar, ¿viste? En tercer lugar la (mala) injerencia de ciertas instituciones (gubernamentales, municipales y no tanto) que impiden el renacer de la escena de rock local como forma cultural, bajo la excusa de que una vez mataron a alguien a la salida de un boliche al cual ninguna persona que escucha rock pisaría. Bajo ningún concepto, efecto alcohólico, psicodélico o de algún ex que lo/la haya dejado. No. Never. Entonces se propaga un modo muy tarijeño de hacer las cosas, manteniendo el status quo que hay que cuidar porque es demasiado frágil sobre todo cuando la transición de pueblo a ciudad se quiere empezar a dar.
Y entre todo este degradé de sensaciones y emociones, internetianas y de transpiración de la camiseta, considero pertinente tratar de ofrecer una solución a un problema común que viene atormentando mi alma más que ese gol de Ervitti en el último minuto; este problema es la propagación del copy-paste como método de vida y existencia. Como un virus zombie se extiende cual pandemia, transmitiendo no sólo desinformación o faltas ortográficas, sino lo que es peor, una total falta de interés por el conocimiento per se. Profesores, alumnos, tu amigo de la universidad, tu vecino, tu ex y tu mamá también. Algo así como la venganza de las cadenas de mail, o las cadenas en los muros que si no pegabas te ibas a morir (Y partiendo de dicha hipótesis, me encuentro en la posición de aseverar de que, o soy inmortal o son puras pamplinas)
Habiéndose planteado el problema se ofrecen las siguientes soluciones:
1- Contrarrestar el uso del control c + control v, denunciando de manera abierta a esta gente que carece de originalidad y al parecer de vergüenza tomando frases que encuentra por ahí, textos y hasta tesis, y reclamando la gloria para sí que no merecen bajo ningún concepto y/o ley conocida. Propagar por ende una nueva campaña, viral o no tanto, que con “Muerte al copypaste” como lema inicie la concientización de la población en general. Zombies y seres que le ponen parlantes a sus motocicletas incluidos.
2- Hacer uso de escopetas, cuchillos, lanzallamas y helicópteros Apaches para perseguirlos como las parias humanas, lumpens, o fanáticos de Wachiturros que seguramente son, hasta haber terminado con todos ellos. Una vez concluida dicha empresa, sentarse en casa a disfrutar de un buen café y un disco de Jack Johnson para bajar el nivel de testosterona. (El café también se podrá cambiar por un helado, tampoco seremos tan minuciosamente exigentes)
Como se puede observar, hay una clara imposibilidad tanto legal como empírica a la hora de llevar adelante la segunda opción (Por más que uno quiera, conseguir un helicóptero Apache en buen estado es bastante complicado en estos días y más con la economía en la coyuntura actual). Por ende, mientras escuchamos algo de Llegas, (posiblemente “Diamante” porque es Lunes y hay que comenzar con las pilas puestas la semana), nos dediquemos al bonito y olvidado placer de escribir un nuevo párrafo, escribir una canción o crear algo que de alguna manera nos evite pensar que sólo vamos a copiar algo de algún lugar sin saber exactamente de dónde vino eso en primer lugar. Evitemos terminar como un uróboros que en vez de comerse la cola, termina copiándose en un círculo infinito sin esa chispa de creatividad que diferencia a los humanos de los fanáticos de Justin Bieber o Selena Gomez. Evitemos encerrarnos en un círculo vicioso adicto a un status quo que cada vez se parece más a una de esas drogas que el INTRAID dice tanto pelear contra. Es irónico, mientras en Buenos Aires se organiza el “Zombie Walk”, ocasión en la cual las calles de la mencionada ciudad se transforman en postales de la mente de George Romero o “The Walking Dead” para las generaciones más nuevas, o flacos sin vida que se visten como zombies para perder el tiempo (muy seguramente para otros); en Tarija todos los Lunes vamos a ver a la misma gente caminar, como zombies, atentos a las vidas de otras personas, a sus fotos de portada, a sus likes, para ver que pueden o no copiar de ellas. Con errores y todo. Sin aprender. Sin absorber. Sólo control c, control v.

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