Para ciertas mariposas traicioneras.

Todo había empezado de una manera bastante simple, una mirada, un brillo particular en los ojos. Alguna frase, un gesto. Embelesarse, lentamente y sin culpas ni nada parecido. Simplemente observar cómo se desenvuelve en una vida que le queda tan mundana, con su perfección, su aura de cura para tus heridas y desesperación. Por tus ganas de que te hagan olvidar por un momento una rutina, o canales de noticias llenas de la última atrocidad que cometió el ser humano, durante 48 horas al día. Observar el milagro de un azar tan estadísticamente imposible, de arreglo de átomos, cromosomas, evolución, ojos, sentimientos, dudas y discos de Creedence Clearwater Revival. ¿Cómo no perderse voluntariamente en una mirada así? Tomar de vuelta el café y pensar que hay algo inexplicable, inextirpable, azaroso y tan destructivo. Malditas pasiones. Cupido anda por ahí enojado desde que le rompieron el corazón y decide perder el tiempo. Conmigo, ojalá que con vos. Pero uno no puede hacer más nada. Sólo queda mirar dentro, y cuidar algo parecido a un cuento de hadas, en un mundo que se hizo oscuro hace ya demasiado tiempo.

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