Suzy Q (Parte I)

Te conocí un martes (O era un miércoles?) que fui a visitar a un amigo a su oficina con cualquier excusa que me permitiera robarle un pucho o dos. Entr5é como siempre apenas tocando la puerta de su oficina, fuiste lo primero que ví y desde ahí la historia fue otra. Yo estaba con mi facha de siempre: pantalones grises, polera blanca, zapatillas Converse y una acelerada que parecía que esa mañana me había confundido y le había puesto otra cosa en vez de leche en polvo a mi desayuno. Y ahí estabas vos, con esos dos ojos que brillaban como faros de Alejandría para un pobre fenicio sin nada con qué comerciar que no fuese un corazón roto y un par de textos desesperados. “Está haciéndome una entrevista” me dijo mi amigo y traté de contener mi impulso primordial de hacer ALGO, lo que sea, para llamar su atención. Creo que hice un par de chistes, monólogos o cualquiera de esas cosas que hago cuando me pongo nervioso; no lo recuerdo bien. Algo te hice reir y te vi salir por esa puerta de la misma manera huracanada y misteriosa con que habías entrada en primer lugar en la serie de eventos catastróficos que llamo mi vida. Ni bien te fuiste, no pude esperar dos segundos para preguntar (en realidad, para decir/exigir) “Decime YA quien era esa flaca” (…)

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