Minientrada Carnavalera

Jueves.

Se te viene el carnaval encima, se te está escapando de entre los dedos,
no lo ves acaso? El chaqui moral, físico e irreal de comadres ya pasó un
poco el Viernes, porque en Comadres todos tenemos que salir auqnue más no
sea con la esperanza de no hacer alguna pavada o de hacerla y que nadie
se entere o mejor aún ver cómo alguien se la manda, reirnos un poco y
volver a levantar el vaso para decirle salud a alguien, y a este paso no
importa a quien. El olor de la plaza principal, mezclando las ilusiones
con la cerveza en el piso, el fernet capri que invariablemente alguien
terminará comprando sobre todo cuando las rupias comiencen a menguar, la
calentura y las ganas de saciar la lujuria que habita el aire comiencen a
tomar posesión de la excusa de cuerpo que tenés. El olor de los
cigarillos, Derbys, Camels, LMs, los otros que todavía no son legales. El
inconfundible olor a esa persona que te elude o te encuentra. El
imperceptible olor a tradiciones que de a poco van mudando su forma de
ser, que de a poco se transforman. “Salúd hermano”, “Como estas?”, “Vos
me entendes”, “Te quiero un monton”, “Yo me voy a acordar de esto mañana,
te lo juro” y demases que se sucederán en un irremediable e inconexo trip
de emociones y sensaciones y más que nada impresiones de un mundo que se
nos viene encima como el carnaval. Desear que un cóctel de alteradores de
conciencia permita que todo salga bien esta tarde/noche y puedas estar
con la persona que amás, porque todo el lugar parece explotar de parejas
que inevitablemente tendrán mensajes de “Tenemos que hablar” o parecidos
al otro día, pero eso es otro día. Hoy no importa demasiado. Estamos
todos acá y es lo único que hay, lo único que querés que exista. Comadres
y todos extasiados por un mundo que no llega, ni querés que llegue más.

Viernes.

La cabeza, el estómago. Los “Nunca más”, los estados alusivo a un ídem
que se sabe inevitable y por eso mismo se hace todo lo posible para
conseguirlo de mil y un maneras. Salir con las fuerzas que te dan las
fechas estas, la gente en la calle. Los colores, los vestigios de lo que
fue una guerra de sentimientos y alcohol. El sabor a resaca en el aire,
en las calles, en los taxis y semáforos. La expectativa de entrar a las
redes sociales y rezar/pedir/implorar a Jesús/Gokú/Chuck Norris que no
hayan fotos demasiado embarazosas con tu nombre en ellas, que se
perpetuen en el infinito mar de bits y memes. Llamar a alguien,
cerciorarse si siguen vivos (Nunca está de más). Esperar.

Sábado.

Luces de colores, falsarios, disfraces que no lo son tanto, reencuentros,
besos robados, enfrentamientos. Alcohol, puchos y otras atrocidades. La
mina que te tiene ganas, la que le tenés ganas, el que le tiene ganas a
la que te tiene ganas pero es al que le tiene ganas la que vos le tenés
ganas. El mismo descontrol de siempre sólo que exarcebado por hormonas,
estimulantes visuales llamados disfraces y bebidas energéticas. El amor
en tiempos del disfraz de enfermera sexy.

Domingo.

Resaca, chaqui, cruda, hangover, “Estoy enratonao”, “goma”, estar cocido,  moleza, guayabo. Etcétera. “Que desubicado lo de ayer”.

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