Exijo una explicación

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El mundo se está volviendo loco y nadie me dio un explicación ni me mandó un memo ni un DM ni un inbox ni siquiera señales de humo que de no haber sido estrictamente legales al menos me hubiesen calmado un poco el enojo/rabia/indignación que traigo por estos días del mes que mejor marketing tiene. El mundo está muy loco y lleno de beliebers, one directioners y algoeners que me ocupan el espacio, la comida y capaz que también el asiento que me gusta ocupar en el cine, porque así de insufribles son. Así que mientras trato de sobrellevar la idea de que PSY estudió en la otrora prestigiosa escuela de música de Berkley, o que lanzó otro tema que muy probablemente confirmará mis miedos al volverse ese tipo de GIT (del latín: hits de giles) que escucharé hasta cuando está dando vueltas por la red de redes en busca de mejor-no-hablar-de-ciertas-cosas; pongo mi mejor cara, mi postura más calma, mi remera de Goosfichs de “Yo amo Tarija”, me sirvo un buen vodka y digo, como el gran cóndor que moldeó parte de mi prepubertad llena de granos, fotos de Pamela Anderson y desengaños amorosos varios; “EXIJO UNA EXPLICACIÓN!”

Exijo una explicación por la falta de amor propio a la cual debe llegar un ser humano para un día levantarse, mirarse al espejo y decirse: “Creo que me voy a comprar un par de Crocs” sin darse cuenta las consecuencias psicológicas irreversibles que traerá para él, sus amigos, sus familiares y su ahora ex novia que tras, obviamente, dejarlo; caerá en un pozo depresivo por no lograr comprender que hizo ella mal para convertir a su otrora alma gemela en esa excusa de homo sapiens sapiens, recurriendo así a los discos de Nickelblack, Nicki Manaj, Parchís y otros dispositivos de tortura auditiva para castigarse mientras se descuida quedándose en casa viendo capítulos doblados al español de “Friends” llorando con cada aparición de Ross y Rachel. Exijo una explicación por él y por ella sobre todo que seguramente estaba buena o al menos dable en patrones de viernes por la noche tras el trago que dije, cuando no, que iba a ser el último.

Exijo una explicación por la existencia de un programa como “Glee” que destruye semanalmente a algún artista que llegamos a amar, condenándolo al limbo de la popularidad entre un grupete de personajes que no saben diferenciar AC/DC de Airbag y que se referirán a Michael Jackson tan sólo como “Ese que hizo la canción que hicieron cuando salieron los zombies e hicieron ese pasito re cool!”, o alguna otra cosa similar o aún peor, producto de ese karaoke sobrevalorado e inflado por una maquinaria perversa de marketing y la estupidez creciente de una generación conectada 24-7 a todo, pero por la más grande NADA. Una generación de lumpens que se queja si Facebook no anda bien, se pone triste si no tiene likes a sus fotos de zapatillas, se deprimen si Instagram no les anda y DIOS NOS LIBRE! si se llegan a quedar sin megas o señal del wifi. (Ojo, igual las fetas están hiper mega bonitas, pero ese tipo de ilegalidades en particular no me llama la atención… Tanto)

Exijo una explicación también, por la existencia de Herbalife, que hizo que perdiera a varios de mis amigos a los cuales tuve que empezar a evitar como a lepra o como a mi madre cuando estoy en estados alterados de conciencia, puesto que de repente sólo te llaman para invitarte a “cenas de negocios” en las cuales no pararán de decirte que estás muy flaco, o muy gordo, o muy cansado, o muy pobre, o muy lo que sea, pero no te preocupes porque con su BATIDO (R), su TE (R) y su NOSEQUE (R) tu vida cambiará, viajarás por el mundo, ganarás millones, Messi y Cristiano Ronaldo se nacionalizarán bolivianos para que dicho país gane finalmente algo y  finalmente una mina que esté buena y viva en mi mismo país se enamorará de mí. Exijo una explicación para la existencia de estos BATIDOS (R) de ADN que como evangelistas del dinero te preguntan por la calle: “Quiere unirse a nuestro club de Bienestar?”

Exijo, así mismo, una explicación por las siguientes anormalidades del mundo ordenadas de forma aleatoria: los alfajores de fruta, la pizza sin queso, las hamburguesas vegetarianas, la cuarta película de Karate Kid con Jackie Chan, las películas de Adam Sandler, Adam Sandler, las motos con parlantes, las musculosas fosforescentes, los discos de Agapornis, la cerveza sin alcohol, las heladerías que no tienen dulce de leche y la gente que no entiende que Hendrix ES Dios.

Exijo una explicación de por qué todavía no es legal que sacrifiquemos a Fermín Zabala y a la gente que dice “la calor” en nombre de Odín o algún otro dios nórdico que quiera aceptarlos a cambio de Cerati o de chocolate rico que no engorde o de última por nada, muchas gracias no se preocupen se pueden quedar con el cambio. Exijo una explicación por la ausencia de verdad, de empatía, de un mínimo de sentido común que permita dejarnos de pavadas y hashtags de #Instamood para concentrarnos un poco más, no sé, en el hambre, la guerra, la selección boliviana de fútbol, las impresoras que te dicen que no tienen tinta aunque le acabás de cargar y otros flagelos de la humanidad 3.0. Por eso y por mucho más, EXIJO UNA EXPLICACIÓN.

O dos botellas de vodka, que no hay que mentirnos, tampoco es que sobrio pueda arreglar algo.

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