Seguí participando

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Es que claro, uno es bien inocente y crédulo, tan lleno de esperanzas y sueños que cree, o quiere creer, en prácticamente cualquier cosa: que el verdadero amor es posible, que la gente es buena en el fondo, que el mundo puede cambiar, que Maná va a separarse o que tal vez Bolivia pueda entrar al Mundial que viene porque lo último que se pierde es la esperanza, esta vez sí se puede, hay luz al final del camino o cualquiera de esas frases de dos pesos que está de moda compartir en tu red social favorita atribuyéndosela a Bob Marley o a Einstein. Uno es inocente y quiere creer, y tiene esperanzas aún cuando la anterior vez ya aplastaron tus sueños como si fuese un turrón en manos de algún adolescente con alma de gordo que salió disparado al timbre de recreo a satisfacer sus necesidades de comida chatarra: No queda más que migajas de lo que alguna vez fueron tus sueños en manos de ese cruel actor que el destino puso frente a uno. Pero como el ser humano es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra (siendo que a la tercera la culpa del hecho sea de la piedra en sí), uno vuelve, otra vez, recogiendo esas migajitas de esperanza y sueños a intentar con suerte algo que valga la pena tanto sufrimiento y/o tiempo. Uno se las juega, por ejemplo, y le dice “Te amo” a esa persona que, no te mientas, venías stalkeando hace-ya-quien-sabe-cuanto-tiempo, y te mira como diciendo “Sos un gil”, con una cara de “Seguí participando” que se nota hasta el “ahicito nomás” que nunca llega. Es que claro, el “seguí participando” trae de por sí, la idea de que tal vez, si seguís intentando, en algún momento vas a ganar esos quichicientos mil dólares que te van a sacar de la debacle económica y vas a poder finalmente comprarte todas esas cosas que aparecen en Boys Toys, porque vamos, quién no quiere tener un submarino o un jetpack por el amor de Kaiosama? Pero no, mirás la parte de atrás de la tapita o terminás de raspar con la moneda de cincuenta centavos la partecita gris del cartoncito de rigor y aparece ese “Seguí participando” y podés escuchar a Nelson de fondo diciendo “ha ha” mientras apunta con el dedo a la pobre excusa de ser humano en la que quedás convertido mientras metés el rabo entre las patas… y volvés a intentar unos días más tarde, como si nada hubiese pasado. Pero bueno, así somos nosotros, eternos “seguidores participando” en esta vida. Deberíamos, no sé, intentar (y ojo, digo, I-N-T-E-N-T-A-R) preocuparnos menos por esos premios basados en cosas sobre las que tenemos poco o nada de control, basadas en azares caprichosos de un Barbudo del Joystick con mucho tiempo libre; y sí disfrutar más de aquello que realmente depende de nosotros. 

Al menos yo disfruto destapando botella de vodka tras botella de vodka, total que nunca me fijé en lo que decían las tapitas.

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