Yo no quiero esperanza

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Yo no quiero esperanza, no quiero tener nada que ver con ella. No quiero que me manden ni cadenas al mail, ni me etiqueten en fotos ni que toquen mi puerta a tempranas horas de la mañana Testigos-de-lo-que-sea para hablarme de ella. Yo no quiero esperanza.

En primer lugar, ya la palabra en sí comienza para atrás: “Esperanza”. Esperanza. Esperanza…O sea, voy a tener que esperar como un gilastrúm quien sabe cuánto tiempo y vaya uno a saber en qué condiciones para que aquello que tenga esperanza de que suceda finalmente lo haga. Y todos sabemos que la espera desespera, sino preguntale a la gente en la parada del colectivo o a aquellos que están hace media hora en su institución bancaria no-tan-favorita, viendo con tristeza, congoja y agonía al “N437” que reza su ticket mientras el contador de turno pasa lentamente para el número “N14”. (Y encima ni te dejan usar el celular para distraerte porque, Kaiosama nos libre, uno pasa a ser una amenaza código hiper-recontra-rojo-se-pudre-todo para la mencionada institución)

Yo no quiero nada de esperanza porque me cansé de juntar las manitos y pedir al cielo con carita de ángel a un Barbudo del Joystick que seguramente está más preocupado jugando a la PS4 o sigue enojado conmigo de aquella vez en la que le gané al Mario Tennis 64 durante 4 horas seguidas (Nota: Llevo 9 años invicto y contando)

Yo no quiero nada de esperanza, porque prefiero perderla primero a ella al celular o al archivo ese de Word que nunca está guardado cuando la tan bonita de tu computadora decide que es un buen momento para hacer un número dos en tu existencia vamos que venís con re buena racha últimamente. Yo no quiero nada de esperanza y prefiero perderla primero a ella a la dignidad, porque quién sabe cuántas veces no habremos perdido a propósito un poco de dignidad con tal de no perder esa esperanza (Las cábalas idiotas a las que recurrí cuando River estaba por descender son algo de lo que aún me arrepiento)

Yo no quiero nada de esperanza en mi vida, porque de esperanza no se vive ni se compra vodka, y porque me cansé de tener esperanza en que algún día Hendrix resucite y comience a golpear reiteradas veces a todas aquellas estrellitas de plástico pop que al posar con guitarras eléctricas creen que están adoptando una “actitud rocker” o vaya uno a saber lo que quieran vender en ese momento a una generación más preocupada por cambiar su foto de perfil que por cambiar algo del mundo.

Yo no quiero nada de esperanza, porque me molesta la impotencia de decir “tengo esperanza de que X va a suceder” sin nada de esfuerzo para que “X” suceda, se resuelva o se despeje de esa ecuación de n grados que es la vida.
No señores, yo no quiero nada de esperanza. Eso está bien para Leia Organa y demases personajes de fantasía.
Lo que yo quiero es trabajo inteligente, sacrificio, objetivo y vodka, que es mejor que la esperanza. Y sale más barato también.

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