Fotos

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Ahí están: dibujos de luz que nos recuerdan el momento único que ha pasado y que no volverá jamás, lo que fuimos en un instante que nunca terminó de ser; otrora impresos en sales de plata y ahora en alguna cuenta de Instagram de alguna #InstaGirl con #InstaMood en la #PicOfTheDay (Sí, empezamos re solemnes y nos fuimos al joraca, porque un poco así también es la vida no?). Fotos, pics y demases souvenirs que saldrán a la luz generalmente cuando algún familiar entrado en años diga la espantosa frase: “Querés verlo cuando era chiquito?”, para que acto seguido aparezcan fotos que deberían ser sancionadas por la corte de Haya, la Convención de los derechos Humanos y por la flaca de Caso Cerrado también ya que estamos. Las fotos tienen ese poder, de transportarnos a esos momentos que quedaron eternizados -lo hayamos querido o no-: nuestra primera comunión donde hasta parecería que somos buenas personas, nuestra graduación con esa facha de me-llevo-el-mundo-por-delante-pero-el-nudo-de-la-corbata-lo-hizo-mi-viejo/a, lo que hicieron con vos tus “amigos” cuando te quedaste dormido tras beber tapitas de Peters con…bueno, mejor no hablar de ciertas cosas.
Porque es así: La vida es una sumatoria de fotografías emocionales, de fragmentos de tiempo que quedarán como guardados en las pocas neuronas que nos queden vivas con el pasar de los años, los exs y las cosas divertidas pero no necesariamente legales de este mundo. Vamos, que siempre es bueno ver fotografías antiguas y darnos cuenta un poco de todo lo que pasamos para llegar hasta donde estamos ahora y tal vez, por qué no, sentir añoranza por los amigos, el cabello, la facha y por esos tiempos en los que la decisión más difícil que teníamos era el sabor de helado como postre. Pero todo eso es parte del tiempo que pasa para no volver, más que nada porque muy posiblemente encontró algo más interesante en otro lugar. Así que hagamos lo mismo: vayamos coleccionando fotografías en la vida… Y recemos por no estar etiquetados en ninguna tomada después de la cuarta botella de vodka.
Vamos, que para vergüenza, suficiente tenemos con las de desnudo recién nacido.

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