Sorpresa!

Image

 

Dos o tres la vida te va a dar, hagas lo que hagas, digas lo que digas, le reces o no al amigo imaginario de tu elección. Y es bueno que así lo sea también, porque siempre es necesario un terremoto en tus días, un tsunami en tus emociones, un Godzilla de la existencia que de la nada te haga bosta todo lo que pensabas que era sin mayor explicación.

Así son las sorpresas: agentes involuntarios de un cambio que si supieses que iba a venir, habría hecho que te escondas más rápido de lo que podés decir “Pablito clavó un clavito, qué clavito clavó Pablito?”. Siempre aparecen cuando uno menos lo espera (Duh!), justamente para recordarte que no, no tenés todo bajo control, sino justamente lo contrario, así que déjate de hacer el macho-pistola-sable-láser que el que manda acá nadie sabe quién es, pero seguro no sos vos. (A menos que seas Chuck Norris)

Pueden ser buenas como que te carguen crédito al celular inexplicablemente o malas, como enterarse que había sido tu vieja que, oh sorpresa te acaba de agregar al Whatsapp. Puede ser que Bob Dylan anuncie un nuevo disco, o que Cristian Castro anuncie un disco de covers. Puede ser que abra una heladería nueva cerca de tu casa, o que de la nada tu vieja se haga Testigo de Jehová. Puede ser Bill Murray cantando “House of the rising sun en un karaoke”, o un borracho creyendo cantar… bueh, “algo”.

 No hay como saberlo ni nunca lo habrá.

La vida es así: te va a lanzar un par de sorpresas como diciendo: “Bueno, a ver que hacés con eso”. Le va a dar random a tu miserable existencia sin titubear.

Sin dudar. Así nomás, de jodida que es. Para no aburrirse.

Y ahí vas a estar vos, cual malabarista del destino, intentado ver cómo hacer para lidiar con dos trabajos que ayer no estaban, un problema de un amigo que querés que desaparezca, todo mientras pensás en qué vas a gastar esos pesos extra que te llegaron no-sabés-bien-por-qué-y-mejor-ni-preguntar.

Y ahí está lo cool de las sorpresas: la incertidumbre, la adrenalina, el desafío de lo imprevisto. Ver el random de una sorpresa más en tus días y decir: “Bueno, dale, a ver qué ondas ahora”

Tampoco nos queda otra opción y eso está bueno también;

Porque sin sorpresas, el mundo sería como una borrachera sin confesiones, como un amor sin ilusiones, como un destornillador sin vodka.

Como que no tendría gracia el asunto no?

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s